Desde 1995 la gente llama a la puerta verde de Schöneberg, y por dentro poco ha cambiado desde entonces: papel pintado retro, una barra larga y cócteles clásicos sin adornos. El Green Door ayudó a fundar la cultura coctelera de Berlín cuando la ciudad no tenía ninguna, y hoy es una institución que ha seguido siendo relajada.
La copa de la casa
Clásicos a la manera berlinesa, muchos con ginebra