Detrás de una puerta discreta de la Brunnenstraße está uno de los bares más estrictos y mejores de Berlín: una sala negra, una única mesa larga, catorce sillas y Gonçalo de Sousa Monteiro detrás de la barra. Nadie de pie, nada de ruido y nada de fotos. Las copas son clásicas, precisas y fuertes.